Anarquismo y feminismo: Las mujeres en el debate anti-imperialista (1898-1902)
Rodrigo Quesada Monge
"El
internacionalismo es el objetivo
fundamental de la lucha obrera"
BAKUNIN
EL PUNTO DE VISTA BÁSICO
A finales de 1898, la ilustre pensadora anarquista Emma Goldman iniciaba
en la ciudad de Nueva York una febril actividad para recaudar fondos
en favor de la causa cubana [1]. Ella sostenía lo siguiente:
"América había declarado la guerra a España.
La noticia no era inesperada. Durante los meses anteriores, la prensa
y el púlpito se habían llenado de las llamadas a las armas
en defensa de las víctimas de las atrocidades españolas
en Cuba. Mis simpatías estaban con los cubanos y los filipinos
que luchaban para liberarse del yugo español. De hecho, había
trabajado con algunos miembros de la Junta ocupados en actividades clandestinas
para liberar a las Islas Filipinas. Pero no creía en absoluto
en que las protestas patrióticas de América fueran acciones
desinteresadas y nobles para ayudar a Cuba. No requería una gran
sabiduría política darse cuenta de que el interés
de América era la cuestión azucarera y que no tenía
nada que ver con sentimientos humanitarios. Desde luego había
cantidad de personas crédulas, no sólo en el país
en general, sino también en las filas liberales, los cuales creían
en el llamamiento. No pude unirme a ellos. Estaba segura de que nadie,
a nivel individual o estatal, que participara en la esclavitud y la
explotación en su propia casa, tenía la integridad o el
deseo de liberar a las gentes de otras tierras. Por lo tanto, mi conferencia
más importante a la que asistieron más personas, fue sobre
el Patriotismo y la Guerra" [2].
Pensaba Goldman que la comprensión del problema cubano, ayudaría
al movimiento anarquista norteamericano y europeo, a decantar con más
agudeza la estrategia internacionalista correspondiente. Les preocupaba
no quedarse únicamente con la organización de la ayuda
humanitaria, sino que aspiraban también a la articulación,
de manera más efectiva, de las acciones en que incurrirían
los anarquistas en Cuba, Puerto Rico y Filipinas [3]. En estos momentos,
el anarquismo, todavía no ve claro qué va a suceder con
los últimos reductos del maltrecho imperio español.
¿QUÉ CLASE DE ANARQUISMO
EN CUBA?
Desde los años sesenta del siglo XIX, los anarquistas cubanos
y puertorriqueños habían tenido una participación
creativa y valiente en las guerras por la liberación de sus países.
Por ejemplo, durante la guerra de los diez años en Cuba (1868-1878),
algunos trabajadores anarquistas de la industria del tabaco, seguidores
de las teorías federalistas prudonianas (Pierre Joseph Proudhon:1809-1865),
tales como Vicente García y Salvador Cisneros Betancourt, jugaron
un papel decisivo en el desarrollo de los acontecimientos de una guerra
que dejó exhausta y desesperada a la población cubana
[4].
Para estos años, el ideario anarquista evidenciaba un despunte
vigoroso y apasionado, en ciudades europeas y norteamericanas. En Francia,
Italia, España, Rusia y los Estados Unidos (sobre todo con alguna
migración irlandesa después de la gran hambruna de 1845-1851)
[5], las ideas de pensadores y organizadores anarquistas del corte de
un Mikhail Bakunin (1814-1876), habían empezado a penetrar a
las organizaciones obreras de esos países.
La fundación de la Alianza Revolucionaria Socialista (1864),
de la Alianza Democrática Internacional Socialista (1868) y la
Declaración de Principios del anarquismo europeo, todos ellos
con directa y activa participación de Bakunin, influenciaron
notablemente el desarrollo del anarquismo cubano. Este, que ya había
asimilado las ideas y conceptos sobre la organización del trabajo
desplegados por Proudhon, abriría paso a las ideas más
claras y precisas de Bakunin. Con él, los trabajadores cubanos
iniciaban un camino irreversible hacia la consciencia de clase, el mismo
que tantos y positivos frutos rendiría en el siglo XX [6].
Hacia finales de los ochenta del siglo pasado, una de las figuras más
prestigiosas del anarquismo cubano, Enrique Roig de San Martín
(1843-1889), fundador del semanario EL PRODUCTOR , emergería
como uno de los teóricos más lúcidos del movimiento
obrero en ese país. Y gran parte del activismo que lo caracterizó
por esa época, fue el resultado de las acciones sindicales emprendidas
por Roig, su semanario y la organización revolucionaria fundada
también por él , conocida como la ALIANZA DE LOS TRABAJADORES,
con evidentes simpatías bakuninistas [7].
Aquella alianza tenía dos plazas fuertes en las industrias tabacaleras
de Tampa y Cayo Hueso en los Estados Unidos. Al mismo tiempo, en 1887,
la primera Federación de los Trabajadores del Tabaco era integrada
en la ciudad de La Habana. Dicha organización sustituiría
a la anterior Unión de los Trabajadores del Tabaco, e integraría
al resto de la población obrera del ramo. Tampa y Cayo Hueso
seguirían el mismo proceso, liderado por activistas del calibre
de Enrique Messonier y Enrique Creci, con el apoyo de anarquistas curtidos
como Leal, Segura, y Palomino. En 1889, una huelga general fue declarada
en Cayo Hueso que condujo al más absoluto triunfo de los trabajadores,
cuando empezaba el año de 1890. Estos acontecimientos fueron
seguidos de cerca, y debidamente asesorados desde La Habana, por la
ALIANZA y el semanario El Productor [8]; sobre todo después de
la muerte de Roig de San Martín.
Las costas de la Florida eran un hervidero de partisanos cubanos dedicados
a tiempo completo en su lucha por la independencia de Cuba y de Puerto
Rico. Eran momentos en que, el líder más sobresaliente
de este movimiento, José Martí (1853-1895), trataba de
reclutar en Tampa y Cayo Hueso, tantos emigrados rebeldes como pudiera,
para que lo acompañaran en su lucha contra el imperialismo español.
Para los trabajadores de la industria del tabaco en Cuba y los Estados
Unidos, la causa por la independencia de la isla, era un asunto de la
más profunda vocación internacionalista. Martí
alcanzó a conversar con los líderes anarquistas de estas
industrias, y con su talento y poder de convicción logró
llevárselos consigo para la conquista de tan noble propósito.
Pero hombres como Creci, Messonier, Rivero y Rivero, Sorondo, Rivera
Montessori, Blanco, Blaino, Segura, Leal y otros de la misma estirpe,
seguirían a Martí sin renunciar a sus ideales internacionalistas
y de justicia social, marcados por el signo anarquista del más
absoluto compromiso moral con la causa de la independencia cubana.
La ayuda ideológica, política y financiera que los anarquistas
dieron a José Martí fue de una enorme importancia. Y cuando
el prócer decidió fundar el Partido Revolucionario Cubano
en 1892, una militancia importante del mismo procedería de los
sindicatos revolucionarios de los trabajadores del tabaco en los Estados
Unidos. No olvidemos que tales sindicatos se llamaban a sí mismos
organizaciones "revolucionarias socialistas", un eufemismo
que los anarquistas habían tenido que acuñar después
de los trágicos eventos de Haymarket en Chicago en 1886-1887,
cuando ocho obreros de filiación anarquista fueron acusados de
terrorismo y ejecutados. De esta manera en La Habana, LA ALIANZA celebró
el 1 de mayo de 1890 para recordar a los mártires de Haymarket.
En 1891 los anarquistas convocaron a una reunión urgente, y en
enero de 1892, el primer congreso anarquista regional cubano tuvo lugar.
Los congresistas terminaron por recomendarle a la clase obrera cubana
que se uniera a las organizaciones del socialismo revolucionario (anarquista)
y que apoyara sin ninguna duda, la causa de la independencia. "Para
alguien que aspira a la más absoluta libertad individual, sería
absurdo que se opusiera a la causa de la libertad colectiva del pueblo"
terminaban diciendo los congresistas [9].
Las autoridades españolas cerraron el congreso, todo tipo de
reunión pública fue prohibida, se clausuró la prensa
anarquista, la ALIANZA fue declarada ilegal, y los más distinguidos
participantes del congreso fueron deportados o encarcelados.
Cuando la guerra revolucionaria por la independencia estalló
en febrero de 1895, los anarquistas cubanos se unieron a la pelea y
muchos de ellos perdieron la vida, como le sucedió a Enrique
Creci en 1896 [10]. Desgraciadamente con la muerte de Martí en
mayo de 1895, la causa independentista entró en un proceso más
lento y doloroso. Con la intervención de los Estados Unidos,
la guerra finalmente acabó, pero los anarquistas continuaron
la lucha, y algunos de procedencia extranjera, como Orestes Ferrara
y Federico Falco, de origen italiano, terminaron formando parte de la
lista de mártires que se cobró el imperialismo con su
intervención [11].
La ejecución del Ministro Español Antonio Cánovas
del Castillo en el balneario de Santa Agueda en el verano de 1897, quien
había dicho que "pelearía en Cuba hasta el último
hombre y la última peseta" [12], es uno de los eslabones
fundamentales en el desplome del imperio español en la isla.
Mediante una alianza que no ha sido plenamente confirmada, entre Michelle
Angiolillo, un feroz anarquista italiano, a quien Cánovas del
Castillo le había ejecutado a varios de sus hermanos de causa,
y Ramón Emeterio Betances, uno de los cerebros de la independencia
de Puerto Rico en el exilio, la supuesta conspiración puso un
alto a las masacres que el ministro español ordenaba contra el
pueblo cubano, en busca de los líderes de la revuelta pro-independentista.
Cánovas del Castillo se codeaba de igual a igual con los monarcas
europeos y los circulos financieros más influyentes en Europa
y los Estados Unidos, quienes los presionaban constantemente para que
acabara con aquella rebelión. Después de su ejecución,
Mateo Sagasta, su sucesor, fue incapaz de continuar la labor emprendida
por Cánovas, y con el bombardeo del Maine (en febrero de 1898),
los Estados Unidos terminaron por encontrar la excusa precisa para intervenir.
Era la debacle del imperio español, lo que tenía sin cuidado
a los otros poderes imperiales europeos [13].
El 98 ANARQUISTA
Hoy todavía se debate en Puerto Rico, si el eminente Ramón
Emeterio Betances (1827-1898) estuvo involucrado en el ajusticiamiento
de Cánovas del Castillo (véase el capítulo III
de este libro). La importancia de dilucidar un tema así, no radica
tanto en la meticulosidad con que algunos historiadores abordan sus
temas de investigación, sino esencialmente en que mediante la
solución del enigma podremos concluir si Betances era anarquista
o no, y el nivel de compromiso que tuvo con el movimiento ácrata
en Francia. Por otro lado, podremos también obtener algunas consideraciones
importantes sobre si la guerra en Cuba cambió de curso a raíz
de la muerte de Cánovas, o si lo que los norteamericanos empezaban
a llamar la cuestión caribeña, se volvería más
tangible después de que aquél hubiera desaparecido.
Por situación caribeña entendían los anarquistas
norteamericanos del 98 no sólo a las luchas que tenían
lugar en Cuba, sino también a lo que había sucedido con
Puerto Rico. Aquí, el grueso de la población nativa había
recibido con beneplácito al invasor norteamericano. Hoy, los
puertorriqueños todavía estudian con ahínco lo
que sucedió en ese momento, porque sus historiadores no acaban
de asimilar una actitud tan entreguista de parte de la población,
sobre todo cuando en alguna forma eran bien conscientes de lo que estaba
aconteciendo en Cuba.
Pero nuestro interés ahora, no es entrar en el debate de la historiografía
nacional puertorriqueña, aunque esperamos sinceramente que encuentren
una salida óptima lo más pronto posible. Con los talentosos
historiadores que tienen, sabemos que la encontrarán. Nuestro
motivo de reflexión en esta oportunidad, va más por el
lado de la así llamada cuestión caribeña, en el
momento en que la prensa norteamericana sostenía que, aunque
no hubiera guerra en Cuba, había que inventarla.
Con la muerte de Cánovas del Castillo la política española
cambia profundamente. Llegan hombres de mente más plástica
al escenario político, algunos de orientación liberal,
y se logra negociar con Cuba y Puerto Rico su autonomía [14].
Estados Unidos, haciendo buen uso de la debilidad en que se encuentra
España, y en sus devastadoras ansias de expansión, provoca
la guerra Hispano-Cubano-Norteamericana que termina con el Tratado de
París, firmado el 10 de diciembre de 1998. Cuba consigue una
independencia condicionada, no así Puerto Rico, al que le queda
el dudoso honor de ser la colonia más antigua del mundo [15].
Ahora bien, siguiendo de cerca el excelente libro del escritor anarquista
cubano Frank Fernández, LA SANGRE DE SANTA AGUEDA, nos enteramos
de algunos pormenores que condujeron a la conspiración para deshacerse
de Cánovas del Castillo. En ese libro, emerge con toda claridad
la evidente participación de Betances en dicho ajusticiamiento
[16]. El abrumador odio que los pueblos de Cuba y Puerto Rico sentían
contra Cánovas del Castillo, estaba fuera de toda duda. El ministro
sostenía: "Nuestra soberanía jamás se extinguió
en América, Cuba será siempre española", "
los cubanos no quieren ser independientes, lo que quieren es que los
dejen robar solos", "gavilla de bandoleros que viven de la
ruina y del incendio" [17]. Cánovas prácticamente
dictó su propia sentencia, cuando nombró a Valeriano Wyler
Capitán General en Cuba, un tipo violentísimo que había
hecho de las suyas en Filipinas.
Pero, ¿quién ejecutó a Cánovas del Castillo?
Michelle Angiolillo y Galli, nació en la ciudad de Foggia, Italia,
en 1870. Desde muy temprano tuvo problemas con su militancia anarquista,
y por ello tuvo que buscar refugio en Francia, Suiza y Barcelona, donde
en 1896 terminó relacionándose con la Federación
Anarquista Ibérica. Ahí vivió muy de cerca las
torturas y asesinatos que tenían lugar en el Castillo de Montjuich,
todo bajo el gobierno de Cánovas del Castillo [18].
Enterado de esto, Angiolillo se trasladó a París, donde
el Doctor puertorriqueño Ramón Emeterio Betances sostenían
y promovía unas tertulias a las que asistían los más
eminentes anarquistas del momento, algunos exiliados y otros grandes
pensadores, cuya impronta se encontraba prácticamente en todo
el pensamiento político de la época. Figuras tales como
Errico Malatesta (1853-1932), Eliseo Reclus, Sebastián Faure,
Gastagua, Tostí, Federico Urales y Kropotkin (1842-1921), eran
algunos de los nombres que se oían en la casa de Betances en
París.
En esa casa se discutía de todo, economía política,
filosofía, ciencias naturales y sobre todo se soñaba con
la sociedad ideal. El Dr. Betances tenía un enorme prestigio
en Francia por sus investigaciones sobre el cólera y otras enfermedades.
Tanto así que fue uno de los primeros extranjeros en formar parte
de la Academia Francesa de Ciencias. Betances había tenido que
abandonar Puerto Rico en 1867, y desde entonces organizaba la resistencia
en el exilio contra la ocupación española de Cuba, Puerto
Rico y las Filipinas.
Angiolillo finalmente logró ingresar a la casa de Betances, y
una tarde le propuso que con su ayuda podía ajusticiar a Cánovas
del Castillo. Sólo le pidió un poco de dinero para ir
a España, a completar su misión con la consciencia clara
de que nunca más volvería. Según parece, en un
principio Betances le negó su apoyo, pero al día siguiente
Angiolillo recibía un monto de mil francos de un benefactor desconocido.
La empresa fue concluida y aún hoy ignoramos si fue realmente
cierta la participación de Betances en la misma [19].
Pero lo que sí nos interesa destacar es que posteriormente, sin
dicha ejecución, ni la participación de los anarquistas
hubiera llegado a tales niveles en la guerra Hispano-Cubano-Norteamericana,
ni el gobierno español se hubiera preocupado por darle un nuevo
giro a sus prácticas institucionales en Cuba y Puerto Rico. Uno
las entiende a partir de que el ajusticiamiento de Cánovas del
Castillo, obligó a los españoles a reconsiderar mucho
de lo que un hombre como Wyler por ejemplo había hecho en Cuba.
Con la muerte de Cánovas, este finalmente desapareció
también.
¿QUÉ APRENDIERON LOS ANARQUISTAS?
La prensa norteamericana de inspiración anarquista, bajo una
tremenda presión de las autoridades al servicio de los políticos
más conservadores, logró movilizar conferencistas latinos
y a famosos agitadores como Emma Goldman, para que participaran en las
denuncias contra lo que se le estaba haciendo a Cuba.
El chovinismo norteamericano, ocasionado por la guerra contra España,
estaba en su punto pico cuando Goldman entró en contacto con
luchadores como Gori, Esteve, Palavicini, Merlino, Petrucini y Ferrara,
grandes y vitales propagandistas de la causa anarquista y, en esta ocasión,
fieros combatientes de la intervención norteamericana en el Caribe.
Resulta que el anti-imperialismo por esos días, al menos en los
Estados Unidos, estaba muy ligado con causas nacionales de rico colorido
político y social. Ideológicamente hablando, la causa
cubana y puertorriqueña para muchos anarquistas estadounidenses
no era más que la causa del trabajador migrante, que llegaba
a ese país en busca de un futuro mejor y sólo encontraba
explotación y humillación. De tal manera que, en la agenda
política de las luchas anarquistas del momento, la guerra revolucionaria
que se libraba en Cuba no tenía implicaciones solamente en el
ámbito internacional, sino también en un aspecto muy específico:
la vida cotidiana del trabajador extranjero en los Estados Unidos.
En otra dimensión, uno no puede perder de vista que la guerra
que se libraba en Cuba entre 1895 y 1898, tuvo para los Estados Unidos
una importancia decisiva no sólo en lo que respecta al rediseño
de su política exterior hacia la América Latina, sino
también en relación con las primeras leyes migratorias
introducidas en ese país hacia finales de 1897.
La Liga Anti-Imperialista Norteamericana fundada hacia 1898 tenía
que tener eso en mente, y actuar en consecuencia. No se puede dejar
de pensar en que para los Estados Unidos, el expansionismo imperialista
tenía que atender varios impactos al mismo tiempo. La prensa
ultra-nacionalista insistía en que la guerra contra España,
no era simplemente una guerra contra un viejo y desvencijado poder extra-continental,
sino fundamentalmente un gesto indicativo de que, cualquier otro intento
de intervención, por parte de poderes extranjeros en la región
del Caribe, tendría que tener antes la aceptación o el
rechazo rotundo del Departamento de Estado norteamericano.
De esta manera, se manejaban dos nociones distintas de lo que era extra-continental,
dos nociones diferentes de lo que era la región del Caribe, y
dos ideas desiguales de lo que era la cuestión cubana. Para muchos
analistas del presente, la comprensión de este conjunto de temas
sería requisito básico para un mejor entendimiento de
las estrategias que saldrían de ahí en adelante, de las
oficinas del Departamento de Estado norteamericano, hacia la América
Latina y el Caribe.
Cuando se hablaba de intervención extra-continental en el Caribe,
el concepto estaba especialmente diseñado para referirse a Europa.
Así había venido configurándose una política
exterior hacia ciertos países en particular, como sucedió
con Gran Bretaña por ejemplo. Los Estados Unidos no se consideraban
a sí mismos como una fuerza extra-continental en el Caribe.
Existía un Caribe cubano y puertorriqueño y otro español,
de tal manera que para la política exterior de los Estados Unidos,
el menos malo era el primero, y con el que se podía negociar
era con el segundo. Es decir, como sucedió con Honduras por ejemplo
entre 1897 y 1912 [20], se le reconocía identidad colonial a
Cuba y Puerto Rico, pero no se negociaba con ellos sobre su futuro estatuto
político, eso sólo era negociable con la potencia colonialista,
aunque ésta fuera un poder extra-continental.
Finalmente, existía una cuestión cubana en los Estados
Unidos, y otra en Cuba misma. Esta ambigüedad era una de las situaciones
que más molestaba a José Martí, y uno de los motivos
de reflexión para luchadores como el médico puertorriqueño
Ramón Emeterio Betances, de quien ya hemos hablado. Después
de su larga estadía en los Estados Unidos, Martí logró
comprender que el gobierno de los Estados Unidos tejía su política
exterior hacia la América Latina y el Caribe, partiendo de un
principio básico: estos son países increíblemente
inestables, por lo tanto su política exterior debía ser
lo más rígida posible. Ese pragmatismo siempre les impidió
ver que las luchas de Martí o Betances, no eran el producto de
antojos de gabinete. Por eso tampoco entendieron por qué Martí
pierde su vida recién llegado a Cuba, para dirigir la etapa final
de la lucha contra el poder colonial español [21].
Con el gobierno de los Estados Unidos no se discutía de política
exterior, se aceptaba o no se aceptaba. En este último caso,
habría que atenerse a las consecuencias. La diplomacia norteamericana
era una maquinaria efectiva e infalible (al menos así lo pensaban
ellos), y con ese criterio se le proponían soluciones a los pueblos
de América Latina y del Caribe, en el entendido de que los tratados
y acuerdos comerciales, militares o diplomáticos, no se discutían
con ningún poder extranjero, y se negociaban con los pueblos
interesados dentro de ciertos límites.
Cuando la Liga Anti-Imperialista decidió denunciar los desmanes
que se estaban perpetrando en Cuba, Puerto Rico y las Filipinas, lo
hacía porque tenía claro que los acuerdos y toda la parafernalia
diplomática norteamericana en aquellos países, respondía
a una estrategia pesada y lenta articulada para satisfacer las necesidades
del imperio, el nuevo, el que se estaba diseñando en el Departamento
de Estado norteamericano.
Es curioso pero, los pensadores y luchadores anarquistas fueron de los
primeros en hacer este tipo de denuncias. Y su comprensión de
lo que estaba en juego en el Caribe, al lado de la bien elaborada y
estudiada propaganda de la Liga Anti-Imperialista, hizo que por primera
vez las acciones anarquistas en los Estados Unidos, tuvieran dimensiones
internacionales.
Cuando se rumora que, tal vez, el médico puertorriqueño
Betances pudiera haber estado involucrado en el asesinato de Cánovas
del Castillo en 1897 como ya vimos, el pensamiento anarquista asume
como suyo el magnicidio sobre la base de que, en ese momento, en Rusia,
en Francia, en Inglaterra, en Alemania, el terrorismo individual de
signo ácrata configura una estrategia perfectamente válida
a la luz de un escenario repleto de conflictos e inestabilidad.
Para el anarquismo norteamericano entonces, la guerra del 98 fue una
motivación mayor para combatir y denunciar la política
exterior de los Estados Unidos, y también para integrar alianzas
propagandísticas con la Liga Anti-Imperialista norteamericana.
En ocasiones, algunos miembros de esta Liga, tales como Mark Twain o
Dale Carnegie (según vimos en capítulos anteriores), se
sintieron incómodos de coincidir con los anarquistas, pero la
marcha de los acontecimientos los hizo finalmente aceptar como inevitables
las consecuencias de estas generosas coincidencias.
La geopolítica al final de la jornada, articulada de forma maravillosa
para responder a las necesidades del Departamento de Estado norteamericano,
quiso ver en el Caribe un campo de entrenamiento para campañas
de mayor envergadura, como la que se aproximaba en Filipinas y la utilización
de éstas para penetrar al mercado chino. Las masacres que se
practicaron contra la población musulmana en Filipinas en 1899,
ya tenían precedentes en las tristemente célebres re-concentraciones
ejecutadas por Wyler en Cuba.
Uno tiene la sensación finalmente, de que los acuerdos de París,
en diciembre de 1898, le concedieron al gobierno de los Estados Unidos,
una nueva idea de lo que, de ahí en adelante, iría a seguir
siendo el Caribe. La derrota de España era inevitable, puesto
que, según indican algunos historiadores ingleses, se trataba
de un imperio en franco deterioro desde 1812; pero que al enfrentar
al nuevo imperio norteamericano en el escenario caribeño, quiso
sostener la vieja concepción de lo que éste significaba
para los españoles en las islas de Cuba y Puerto Rico. El Caribe
para España era la explotación del negro en el ingenio
azucarero. Para los Estados Unidos, seguía siendo la explotación
azucarera, pero ahora con fuerza de trabajo sujeta a una jornada laboral
que se parecía mucho a la condición del esclavo, con la
única diferencia de una paga en metálico.
Si hemos de puntualizar, para concluir, que la guerra del 98 redefinió
toda nuestra concepción de lo caribeño, entonces debemos
de anotar que tal redefinición la elaboró muy bien el
imperialismo norteamericano. Y aunque los anarquistas y antiimperialistas
en los Estados Unidos, quisieron hacer entender al pueblo norteamericano
que el asunto tenía más gravedad de lo que una sencilla
discusión conceptual podía hacer pensar, la nueva idea
del Caribe terminó por imponerse. Una idea que empezaría
a cambiar hasta que la Revolución Cubana de 1959 le hizo ver
al imperialismo norteamericano que muchas de las tareas inconclusas
del siglo XIX seguían pendientes de solución.
LA MUJERES EN EL DEBATE ANTI-IMPERIALISTA
Por estos años, la lucidez de las organizaciones feministas norteamericanas,
es con frecuencia muy iluminadora. Su participación no se redujo
únicamente a la cuestión moral del problema de la guerra,
sino también a los ingredientes políticos e ideológicos
que estaban imbricados con aquel. Las mujeres organizaron una oposición
combativa y beligerante contra lo que estaba aconteciendo en Cuba y
Filipinas especialmente. Para ellas, el antiimperialismo sostenía
una relación moral y política muy significativa, con las
nociones de patriotismo y democracia que hubiera desarrollado hasta
ese momento la sociedad norteamericana [22]. Muchas de ellas tuvieron
que abrirse paso en las filas de la Liga Anti-Imperialista de forma
dificultosa y problemática, puesto que al principio las principales
oficinas regionales de esta organización fueron ocupadas esencialmente
por hombres [23]. Pero una vez que se hicieron notar, luchadoras como
Jane Addams (1860-1935), llegaron a ocupar puestos de vice-presidencia
y secretariado, cumpliendo con una serie de tareas que las ligaba muy
estrechamente con el movimiento obrero a nivel nacional e internacional
[24]. Es frecuente escucharlas haciendo mención de documentos
publicados por la Primera Internacional de los Trabajadores, fundada
por Marx, Engels y Bakunin, en defensa de sus ideas contrarias a la
ocupación de Cuba y Filipinas [25]. En 1868, aquella organización
había proclamado que toda guerra sería considerada un
asesinato sistemático contra los trabajadores, quienes regularmente
eran ponían los muertos. Y era más vergonzoso el caso
de la guerra que se hacía contra otros pueblos, argumentando
principios de civilización y cultura. No era posible, sostenían
las mujeres del antiimperialismo, que en el país supuestamente
más democrático del planeta, hubiera personas que sostuvieran
la necesidad de subyugar por la fuerza a otras naciones arguyendo el
principio de la civilización, como lo hubiera hecho en contadas
ocasiones Gran Bretaña, a través de la voz y la pluma
de Rudyard Kipling (1865-1936), a quien ya nos referimos en el capítulo
II de este libro. Kipling, continuaban diciendo, nunca entendió
la diferencia entre imperialismo y guerra, y entre civilización
y moral colonialista. Para ellas, la cuestión de estas distinciones
y precisiones tenía mucho que ver, no sólo con lo que
estuviera haciéndose con los pueblos colonizados, sino también
con los trabajadores de esos países, y, obviamente, con los trabajadores
nacionales. Les competía más de cerca la múltiple
condición de explotación a que estaban sujetas las mujeres
trabajadoras, pues en algunos países del capitalismo central,
donde se hablaba de civilización, progreso y cultura, les era
negado el derecho a votar y a organizarse con sus compañeros
de clase [26]. Pero el problema no residía únicamente
en ganarse el derecho a votar en un sistema político y social
que, desde su mero fundamento, era discriminatorio y segregacionista
[27]. Todo residía por ejemplo en preguntarse si era válido
o no votar, no dudando siquiera en el derecho que tenían las
mujeres a cumplir con los mismos roles de los hombres en una democracia
burguesa clásica como la norteamericana, cuando los hombres y
mujeres más conscientes sabían que dicho sistema había
hecho del voto un fetiche, que dejaba intactas todas las otras condiciones
opresivas y humillantes de aquel sistema [28]. Por eso, para algunas
mujeres como Goldman, Lucy Parsons (1853-1942) y Voltairine De Cleyre
(1866-1912), el sufragismo se quedaba más acá de lo que
en verdad significaba la liberación de la mujer, no sólo
como entidad electoral, sino también como ser humano, pleno y
autosuficiente [29].
De tal manera que las sufragistas y las anarquistas no siempre coincidieron
en lo que compete a los asuntos de orden meramente civil. Sin embargo,
algunas de sus ideas sí establecieron un puente lleno de ecos,
documentos, pronunciamientos y plataformas cuando se trató de
la Comuna de París (1871), de la masacre de los obreros de Haymarket
en Chicago (1886-1887), y de un antiimperialismo militante y efectivo
con relación a la guerra hispano-cubano-norteamericana y a la
invasión de Filipinas.
No olvidemos que, con regular frecuencia, las mujeres que aspiraban
al sufragio universal, a la posibilidad real de elegir y de ser electas,
y a la más total y comprensiva participación ciudadana
con los hombres, eran de la grande y mediana burguesía de los
países de capitalismo central, bien educadas y sensibilizadas
para tener claros al menos algunos de sus derechos [30]. De la misma
forma, mujeres con igual procedencia social y educativa, como Clemencia
López, miembro de una de las familias más ricas de la
provincia de Batangas en Filipinas, sostenía que, antes de pensar,
para ellas, en los mismos derechos electorales, era fundamental avanzar
hacia una consistente libertad nacional, que les hiciera posible a los
filipinos construir su propia vida política e institucional [31].
Estaba visto que, el antiimperialismo pequeño burgués
practicado por algunas mujeres y organizaciones, de claro perfil republicano,
no se saltaba las barreras del anti-colonialismo, pero les permitió
de manera lúcida y activa denunciar las atrocidades del imperialismo
en Cuba y Filipinas. En ello coincidieron notablemente con posiciones
más radicales, como las de las anarquistas, quienes llegaron
a desarrollar la tesis de que toda lucha de verdad antiimperialista
implicaba necesariamente la sustitución del sistema vigente,
por otro que imposibilitara el expansionismo y la humillación
de otros pueblos y naciones, con la excusa de la civilización,
el progreso y la cultura.
BALANCE FINAL
El internacionalismo anarquista de la segunda parte del siglo XIX no
discriminó entre los distintos medios a su disposición
para hacerse sentir. Desde el terrorismo individual, con la ejecución
de Cánovas del Castillo, hasta las acciones más concertadas
y bien articuladas de hombres como Roig de San Martín en Cuba,
el anarquismo en el Caribe logró dejar bien sentado el principio
de que ningún ideario de orientación ácrata, es
contradictorio con las acciones políticas debidamente organizadas.
No es en vano que el anarquismo hiciera notar primero su presencia en
América Latina y el Caribe, antes que el marxismo. La migración
española, italiana, irlandesa y alguna del centro de Europa,
encontraría un ambiente propicio y oportuno en esas latitudes
para desarrollar algunas de las ideas radicales que traería consigo.
Cuba y Puerto Rico no fueron la excepción. Lo extraño
es que no se haya enfatizado lo suficiente. Rara vez se menciona la
participación de los anarquistas en los acontecimientos del 98.
Y menos aún el apoyo que brindaron a Martí y su movimiento
en pro de la independencia de Cuba.
Algo similar ha sucedido con la activa participación de las mujeres
en este tipo de situaciones y de escenarios. El antiimperialismo pareciera
haber venido al mundo con su sexualidad bien definida. Sin embargo,
las mujeres tuvieron el coraje de organizarse también y junto
a sus propios problemas con el sufragismo y el logro de otros derechos
civiles, tuvieron tiempo para articular proclamas y respuestas con relación
a lo que acontecía en Cuba y Filipinas. Su internacionalismo
es sorprendente por la lucidez de que hace gala, y por su capacidad
para remontar las ligeras diferencias políticas y estratégicas
que pudieran haber aparecido entre mujeres anarquistas y radicales de
la burguesía. Cuando se trató de denunciar al imperialismo
lo hicieron en bloque.
Pero el imperialismo aprendió también su lección.
A partir del 98 la política exterior del gobierno de los Estados
Unidos hacia la América Latina y el Caribe, ya no fue la misma
digamos que la practicada hasta 1847. De la rapiña simple y brutal
(de corte militar y geográfico) se pasó al expansionismo
económico y político (de inspiración claramente
imperialista). La Pax Britannica cedió su lugar a la Pax Americana.
Incluso los motivos modificaron su textura. Porque la voracidad territorial
empezó a parecerse cada vez a la simple codicia. Una agenda que
ha cambiado muy poco desde entonces.
1
GOLDMAN, Emma. VIVIENDO MI VIDA. (Madrid: Fundación de Estudios
Libertarios Anselmo Lorenzo. 1996) Colección Biografías
y Memorias. Tomo 1. Capítulo XVIII. P.259.
2Idem. Loc.Cit.
3 Ibidem.
4 FERNANDEZ, Frank. "The Anarchists & Liberty" (http://www.cs.utah.edu/~galt/cuba.html).
5 LYONS, F.S.L. IRELAND SINCE THE FAMINE (Londres: Fontana/Collins.
1981) Pp.15-34.
6 DOLGOFF, Sam. THE CUBAN REVOLUTION. A CRITICAL PERSPECTIVE (Montreal:
Black Rose Editions. 1977) Capítulo V.
7 Ibidem.
8 Ibidem.
9 Ibidem.
10 Ibidem.
11 Ibidem.
12 Ibidem.
13 Ibidem.
14 CARVAJAL, Francisco. "¿Betances anarquista?" (http://206.49.79.49/proyectos/1898/index.html.
15 Ibidem.
16 FERNÁNDEZ, Frank. LA SANGRE DE SANTA ÁGUEDA: ANGIOLILLO,BETANCES
Y CANOVAS (Miami: Ediciones Universal.1994).
17 CARVAJAL, Francisco. Idem. Loc. Cit.
18 Ibidem.
19 Ibidem.
20 QUESADA, Rodrigo. RECUERDOS DEL IMPERIO. LOS INGLESES EN AMERICA
CENTRAL. 1821-1915. (Heredia, Costa Rica: EUNA. 1998) Capítulo
VIII.
21 TOLEDO SANDE, Luis. CESTO DE LLAMAS. BIOGRAFÍA DE JOSE MARTI
(La Habana,Cuba, Editorial Pueblo y Educación. 1998). Capítulo
8.
22 RUSSELL, Frances. "The Shame of Imperialism" THE WOMAN´S
JOURNAL, 30 (March 18, 1899) (http://home.ican.net/~fjzwick/wj/wj_18990318ª.html.)
En ZWICK, Jim. ANTI-IMPERIALISM IN THE UNITED STATES, 1898-1935 (http:home.ican.net/~fjzwick/ail98-35.html).
23 Idem. Loc.Cit.
24 ADDAMS, Jane. "Democracy or Militarism" ADDRESS BEFORE
THE CHICAGO LIBERTY MEETING, April 30,1899. (Chicago: Central Anti-Imperialist
League, 1899) (http://home.ican.net/~fjzwick/ailtexts/addams.html.)
25 WOMEN´S AUXILIARY OF THE ANTI-IMPERIALIST LEAGUE "Women
Make an Appeal/In Behalf of the Foundation Principles of the Republic".
SPRINGFIELD REPUBLICAN (May 30, 1899) (http://home.ican.net/~fjzwick/ailtexts/wail
0599.html). En ZWICK, Jim. ANTI-IMPERIALISM IN THE UNITED STATES, 1898-1935.
Loc.Cit.
26 GOLDMAN, Emma. ANARCHISM AND OTHER ESSAYS (New Revised Edition. New
York and London: Mother Earth Publishing Association. 1911) "The
Tragedy of Woman´s Emancipation" Pp. 219-231 y "Woman
Suffrage" Pp. 201-217.
27 Idem. Loc.Cit.
28 Idem. Loc.Cit.
29 Idem. Loc.Cit.
30 LYNN DOUGLAS, Mary. "Mujeres trabajadoras durante la revolución
industrial, 1780-1914". En NASH, Mary (Ed.). PRESENCIA Y PROTAGONISMO.
ASPECTOS DE LA HISTORIA DE LA MUJER. (Barcelona: Ediciones del Serbal.1984)
Pp.91-120.
31 LÓPEZ, Clemencia. "Women of the Philippines". THE
WOMAN´S JOURNAL (June 7, 1902). ADDRESS AT THE ANNUAL MEETING
OF THE NEW ENGLAND WOMAN´S SUFFRAGE ASSOCIATION, May 29, 1902
(http://home.ican.net/~fjzwick/ailtexts/clopez o2 html.)
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