Cuba:
Una revolución frustrada
Humberto Decarli
La defenestración de Fulgencio
Batista el primero de enero de 1958 pudo haber significado una referencia
profunda en América Latina. La acelerada radicalización
del proceso político y socio-económico brindaban las perspectivas
de un nuevo modelo de sociedad. Una pequeña nación insular
ubicada en su proximidad desafiaba al gigante norteño. Los antillanos
al principio efectuaron un cambio por propia iniciativa y de allí
no haber necesitado la orientación directa soviética,
muy diferente a lo ocurrido en Europa central y oriental donde el Ejército
Rojo los liberó pero les limitó la soberanía.
Estados Unidos inició una etapa de sabotajes
coronada por la invasión de Bahía de Cochinos, donde la
CIA sufrió un desastre y el exilio mayamero una derrota irrecuperable.
En 1962 se produjo la crisis de cohetes con los americanos y quedó
al desnudo la naturaleza dependiente de los cubanos respecto Moscú.
El “Che” Guevara insultó al embajador ruso en La
Habana por haber convenio con U.S.A. sin consultar para nada al gobierno
cubano.
Allí el glorioso militante tomó conciencia del carácter
satelital de su régimen. Intentó luego la organización
de una revolución en la región con fundamento en la consigna
de crear “uno o más Vietnam en América Latina”
y más allá, para todos los pueblos del Tercer Mundo en
una visión tricontinental.
Mientras tanto, Fidel Castro apoyó la invasión a Checoslovaquia
como antes lo había hecho en la disputa ideológica con
China. Se inclinaba por la Unión Soviética gracias al
subsidio derivado de la expansión imperial rusa. En lo interno
se consolidó un Estado absolutista propiedad del Partido Comunista
Cubano gravitando alrededor de un ostensible culto a la personalidad
del comandante.
Cuba en un determinado momento logró de
los hidrocarburos su mayor ingreso de divisas al recibir por el mismo
valor el trueque de oro negro por el azúcar derivado de la caña.
Esta bonanza no fue aprovechada para diversificar la economía
haciendo inversiones en sectores no tradicionales. Apenas si se produjo
la incursión en Biotecnología y en una central nuclear
de Jurabá, frustradas por la carencia de financiamiento.
Sin embargo, en materia política ha reinado el estalinismo y
la intolerancia. Todas las divergencias, sean de izquierda o de derecha,
marxistas o anarquistas, has sido aplastadas mediante la represión
y la cárcel. Ya es una parodia casa elección donde son
reelectos los candidatos de la única organización permitida.
Son manifestaciones plebiscitarias sin participación real de
la población.
La caída del Muro de Berlín ocasionó
una crisis inconmensurable en La habana traducida en un descenso del
setenta y cinco por ciento del comercio antillano debido a la desaparición
del Bloque Socialista. Se generó el denominado período
especial caracterizado por un inmenso racionamiento y vicisitudes económicas
de toda clase . Vino luego una etapa de recuperación lenta pero
de nuevo entraron en fase crítica.
Actualmente viven de la caña de azúcar,
el níquel, el tabaco y el turismo. Esta última actividad
ha sido dada en concesión a conocidas cadenas y operadoras canadienses
y europeas en el contexto de la competencia más diáfana.
Tienen en el plano económico un modelo capitalista de Estado.
Pasados los cuarenta años de revolución es inconcebible
plantearse las soluciones llevadas a cabo por el gobierno fidelista
con motivo de los recientes acontecimientos de enjuiciamiento a varios
dirigentes políticos y la ejecución de los secuestradores
de un trasbordador. La disidencia en vez de enfrentarse con la discusión
ideológica se combate con represión policial, condenas
exacerbadas y encarcelamiento. Unas personas desesperadas por irse son
fusiladas como mecanismo de intimidación.
Frente a los anteriores hechos la conducta
del régimen castrista es maniquea. Quien los critica es agente
de la CIA y los Estados Unidos. Muy parecida a la lógica de George
Bush: quien no esté con nosotros es enemigo y terrorista. Este
paso dado es una muestra de debilidad ante una oposición interna
que se incrementa cada vez más.
Una oportunidad histórica fue convertida en regresión.
De la perspectiva de una revolución se orientó hacia una
dictadura del proletariado fundada en la organización comunista
usufructuaria del Estado. Lo presenciado no es más que la secuencia
lógica de una concepción estalinista negadora de la transformación
requerida por el pueblo cubano y el latinoamericano.
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