Los Libertarios bajo el poder de Gerardo
Machado: Principio del fin de la hegemonía anarquista sobre el
movimiento obrero cubano.
Carlos M. Estefanía
Si bien bajo los diferentes mandatos republicanos los anarquistas cubanos
conocieron de cárceles, deportaciones y hasta ejecuciones sumarias,
la palma en la batida contra sus activistas se la llevó el General
Gerardo Machado y Morales, ex oficial del ejército independentista,
que llego a la presidencia con gran popularidad en mayo de 1925 y quien
termino siendo derrocado como dictador por la Revolución de 1933.
Siguiendo los acuerdos del Congreso obrero de 1920,
la Federación Obrera de la Habana había trazado un plan
para la creación de un sindicato nacional. Como paso concreto
del mismo, se realizó el llamado al Segundo Congreso Obrero nacional
del 15 al 19 de febrero de 1925 en Cienfuegos. Este nuevo encuentro
tuvo la participación de unos 110 delegados representantes de
75 organizaciones obreras. Entre los asistentes predominaba la corriente
anarcosindicalista, aunque también había delegados de
ideología social demócrata y marxista leninista. En el
congreso se acordó celebrar el III Congreso Nacional Obrero en
la ciudad de Camagüey con el fin de crear definitivamente una confederación
de todos los trabajadores cubanos. El nuevo evento que tuvo lugar entre
el 2 y 7 de agosto en Camagüey, a tres meses de haber llegado al
Poder Machado. Así nace, bajo el signo fatal del Machadato la
Confederación Nacional Obrera de Cuba encabezada por Alfredo
López. Los anarcosindicalistas, primeros líderes del la
CNOC defendieron la línea del apoliticismo, que impedía
que a los sindicatos se les convirtiera en instrumentos políticos
de ningún partido, incluido el flamante Partido Comunista, fundado
en la Habana exactamente en el mismo mes de Agosto los días 16
y 17.
Machado, quien terminaría derrocado por
una huelga general había prometido que ningún boicot de
este tipo le duraría mas de 24 horas. Estaba decidido a reprimir
con mano dura cualquier desorden que pudieran afectar los negocios nacionales
o las inversiones de capital extranjero. Tenía pues en la mirilla
a los anarquistas quienes significaban por entonces la única
amenaza cierta contra la "estabilidad social" prometida por
el ex-mambí.
Así, desde las primeras huelgas el nuevo
gobierno respondió con, arrestos masivos, aplicaciones de ley
de fugas y desapariciones. Tales medidas aplicaron no sólo contra
los obreros ácratas, sino contra cualquiera que desde la prensa
o la política osara enfrentarse al "presidente".
Machado como buen caudillo populista encontró
argumentos para ilegalizar a los anarquistas como "obreros que
no seguían una conducta realmente patriótica". El
embate de Machado contra los libertarios tenía como cobertura,
la gran cantidad de votos conque ganó el exgeneral mambí
las elecciones de 1924, el auge económico provocado por su plan
de obras publicas, y la legitimación que ofrecía a su
política "social" el apoyo de la moderada Federación
Cubana del Trabajo, fundada en 1927 con respaldo económico y
policiaco del gobierno.
La persecución machadista contra los líderes
de la CNOC fue realmente despiadada, entre los asesinatos ordenados
están los de Enrique Varona, organizador de los obreros ferroviarios,
Margarito Iglesias, Secretario de la Unión de Obreros Fabriles
y el del propio Secretario de la CNOC, Alfredo López, quien fue
arrestado el 20 de julio de 1926, cuando se dirigía al domicilio
del Centro Obrero. Sus restos solo fueron encontrados tras la caída
de Machado, en las faldas del castillo de Atarés.
La embestida antilibertaria del gobierno fue aprovechada
con astucia por los comunistas, quienes se hicieron oportunistamente
de los puestos directivos de la CNOC que iban quedando "vacantes"
como resultado de las deportaciones, encarcelamientos, persecuciones
y asesinato de los líderes anarquistas.
La ofensiva del machadato contra los ácratas
encontró la resistencia, desde el primer momento de la Federación
de Grupos Anarquistas de Cuba, creada en 1924, cuyos activistas respondieron
a la represión promulgando huelgas, circulando propaganda y contribuyendo
al estado de violencia social que terminaría con el derrocamiento
del tirano en agosto de 1933.
Anarquistas y comunistas: un pésimo matrimonio
El 7 de noviembre de 1917, los bolcheviques encabezados
por Lenin, dieron un golpe de estado al gobierno de Kerensky, nacido
de la revolución democrática contra el zarismo. Los bolcheviques
no sólo fueron buenos estrategas en la conspiración contra
el gobierno, en la lucha contra los mencheviques, socialistas revolucionarios
y guardias blancos, sino también en la propaganda internacional
que les permitió vender al mundo la imagen de que establecían
en Rusia un estado de libertad para los trabajadores y dictadura únicamente
para burgueses y aristócratas.
Las noticias que llegaban a Cuba desde Rusia, resultaban
ambiguas y confusas por lo que cada cual interpretaba los acontecimientos,
según sus perspectivas ideológicas. El bolchevismo en
Cuba logró aceptación antes que entre los obreros, en
pequeños sectores intelectuales y estudiantiles atraídos
por la novedad, radicalismo y aparente éxito, de la doctrina
leninista. Como pequeño estigma del movimiento anarquista hay
que reconocer el hecho de que hubo libertarios en Cuba, que a despecho
de la evidente matriz marxista del bolchevismo, se entusiasmaron con
aquella Revolución bolchevique aparentemente justa e igualitaria.
En 1920 varios líderes anarquistas auto proclamados "Sección
Comunista de la III Internacional" improvisaron un "Congreso
de los Soviets en Cuba" en el que aprobaron un programa de bases
de la "República Comunista de los soviets en Cuba"
donde se llamaba a la creación de un ejercito rojo, a la dictadura
transitoria del proletariado, y al establecimiento de la pena de muerte
para los saboteadores.
El probolchevismo se hizo latente en el Congreso
Nacional Obrero de 1920 donde, como ya hemos dicho, los líderes
anarquistas encabezados por el propio Alfredo López enviaron
un fraternal saludo a nombre de los trabajadores cubanos a la república
de los Soviets:
"Esta comisión considera a la Rusia
Roja como faro de Luz, como ejemplo, guía y estímulo para
las maltratadas muchedumbres obreras ansiosas de redención y
justicia, y junto con el testimonio de nuestra ardiente admiración
y simpatía enviamos a nuestros hermanos de Rusia el testimonio
de nuestra solidaridad Revolucionaria. El Congreso."
A propósito del mensaje un columnista del periódico la
Noche comentaría:
"...un faro de luz. Sí. ¡De luz
brillante ardiendo!" (3- pag. 102).
Muy pronto los anarquistas cubanos tendrían
oportunidad de comprender que en las palabras del periodista había
algo mas que chanza. No olvidamos que en 1921 tuvo lugar en Kronshtadt
la primera sublevación antisoviética posterior a la guerra
civil, protagonizada precisamente por los anarquistas rusos. Rebelión
aplastada a sangre y fuego por el Ejército Rojo bajo el mando
de Trotsky, por entonces brazo derecho de Lenin.
Gracias a los testimonios de los camaradas rusos
y europeos que difundía la prensa libertaria cubana muchos anarquistas
comenzaron a darse cuenta de lo que realmente estaba pasando en la Rusia
de los Soviets.
El 30 de octubre de 1924, el decano de la prensa
anarquista en Cuba ¡Tierra! convertido por entonces en el órgano
de la Federación de Grupos Anarquistas de Cuba (La Habana, Zulueta
37, altos), denunciaba la prensa que ya por entonces estaba siendo comprada
por la Unión Soviética:
"...así como los políticos subvencionan
a los periódicos burgueses para que halaguen a sus personas y
propaguen sus candidaturas, así Moscow subvenciona y reparte
rublos a los periodistas comunistas de América y Europa.."
En la misma publicación se definían
a los pocos marxistas-leninistas de Cuba como; "los cuatro gatos
del "comunismo cuartelero cubano".
Desgraciadamente hubo anarquistas entre ellos el
propio Alfredo López que no supieron captar el peligro que significaba,
aquellos cuatro gatos, que terminarían devorando como leones
el control del movimiento obrero en la Isla. Mientras que desde las
paginas de ¡Tierra! se denunciaba los privilegios comunistas en
Rusia y la presencia del Buque Vaslaw Vorodsky, en el puerto de Cárdenas
como nave embajadora neomarxista, "cuyos tripulantes lo justificaban
todo". Alfredo López, respondiendo a un telegrama enviado
por el líder comunista Julio Antonio Mella, proponía en
la ultima sesión del Congreso Obrero de 1925 en Camagüey
que se protestara ante el gobierno por haber impedido festejos en honor
al barco soviético, eso si, y esto resulta un detalle importante,
al gobierno se le critica por su "atentado al ejercicio de los
derechos individuales", sin que haya, por lo que sabemos, ninguna
declaración de "solidaridad" con la "Rusia Roja"
al estilo del Congreso de 1920.
La disposición a colaborar con los comunistas,
de López, nacida quizás de su vocación unitaria,
permitió a los comunistas penetrar CNOC, y esperando el momento
oportuno, el de la desaparición física del liderazgo anarquista,
para saltar al poder, olvidándose aquellos estatutos originales
en los que se planteaba que no se permitiría ocupar puesto alguno
en la dirección de la Confederación a aquellos delegados
que hagan propaganda activa en los partidos políticos. En 1927,
la CNOC se había convertido, prácticamente, en un instrumento
de maniobra política del Partido Comunista, dirigido por Rubén
Martínez Villena.
Para 1933 los comunistas habían conseguido
hegemonizar la dirección de buena parte del movimiento obrero.
Esto lo lograron, contaban desde el exterior con el apoyo de la URSS,
desplegando en el interior una maquiavélica política de
intrigas en la que se vinculaba el ataque a los anarquistas y socialdemócratas
con la alternancia de enfrentamientos y negociaciones con el dictador
de turno. Esta práctica inconsecuente llevo a los comunistas
a cometer uno de los errores políticos mas grandes de su historia;
el de ordenar, a cambio de la legalización de su partido y prebendas
económicas a sus sindicatos, la detención de la Huelga
General contra Machado que daría al traste con su régimen.
La miopía política de los comunistas no sólo les
impidió jugar un papel protagónico en el derrocamiento
del macahadato, sino que además le creó un problema que
se extiende hasta hoy día a los historiadores marxista-leninistas,
quienes se ven obligado a realizar los más inverosímiles
malabares dialécticos para ocultar la mancha colaboracionista
en la trayectoria del comunismo en Cuba.
Como respuesta a aquel vergonzoso acto la Federación
de Anarquistas, sacó a la luz un manifiesto en el que acusaba
a los comunistas de traición a los trabajadores y de apoyar al
tirano.
"Los comunistas suplicaron desesperadamente
a los trabajadores que regresaran a sus puestos, ya que los empleadores
habían aceptado sus demandas. Pero los obreros, (incluso los
del sindicato de autobuses y transporte controlados por los comunistas
se negaron). Ellos estaban definitivamente decididos a obedecer únicamente
sus conciencias y a continuar la oposición al régimen
de Machado hasta derrocarlo o forzarlo a huir.
Machado y sus aliados comunistas se vengaron. A
todos los sindicatos se les prohibió reunirse. La Federación
de Obreros de La Habana (FOH fundada por anarcosindicalistas) así
como la mayor cantidad de sindicatos apolíticos, estaban atados,
no podían convocar a reuniones porque para ello hacia falta el
permiso por escrito del gobierno, solo los comunistas quienes gracias
a su perfidia tuvieron autorización para reunirse..."(1-
pag. 62)
Este documento de denuncia se conoció no
solo en Cuba sino también en el extranjero, fue publicado en
Chicago por Industrial Worker, el 3 de octubre del 33. El comunicado
de la Federación Anarquista no solo constituyó un ajuste
de cuentas publico de los libertarios por las traiciones recibidas a
su buena fe de parte del comunismo. Es además un llamado de alerta
contra lo que podía esperar Cuba de los prosoviéticos.
Desgraciadamente todavía les faltaba aún
por quemar a nuestros anarquistas el "karma", sembrado por
aquellos de sus camaradas que en los años 20 tendieron manos
francas a los discípulos cubanos de Lenin.
La misma imagen equivocada que tuvieron anarquistas
cubanos del régimen bolchevique, la tendrían cuarenta
años después sectores anarquistas de todos el mundo con
respecto a la Revolución "Socialista" en Cuba, cuya
forma exterior "Libertaria" les ocultó su esencia estalinista,
apartándoles del deber solidario de denunciar la represión
que estaba sufriendo los herederos de Alfredo López a manos de
los mismos comunistas que olvidaron su muerte cuando negociaron con
Machado. Los comunistas cubanos, esos que más tarde entrarían
en contubernio con una figura lanzada al estrellato político
por la convulsa revolución del 33, el nefasto presidente y dictador
Fulgencio Batista y Zaldivar.
Fuentes:
1- Sam Dolgoff, Den Kubanska Revolutionen-Ur ett
kritsk perspectiv, Federativ, Stockholm, 1982.
2- Historia del Movimiento Obrero Cubano Tomo 1, Editora Política
la Habana 1985.
3- Evelio Telleria Los Congresos Obreros en Cuba. Editorial Arte y Literatura,
La Habana 1973.
4- Manifiesto de Cruces, en Hortencia Pichardo, Documentos para la Historia
de Cuba. Editorial Ciencias Sociales, La Habana 1976.
5- Federación Obrera de La Habana, Reglamento, en Hortencia Pichardo,
Documentos Para La Historia de Cuba.
6- Frank Fernández, The Anarchist & Liberty (electronic-versión)
http://www.cs.uthah.edu/~galt/cuba.html.
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